El “decrecimiento” como alternativa al Capitalismo

Por: Rainer Ricardo

Foto: Creative Commons Licensed (The Ecologist)

Este artículo es un intento de respuesta a algunos de los comentarios que se hicieron eco en mi texto Marx tenía razón, los comunistas no, publicado en La Joven Cuba el 24 de junio del 2020. En uno de mis comentarios/respuesta afirmaba que el marxismo no tiene el monopolio de la crítica del Capitalismo y algunos de los comentaristas – un total de 44 comentarios - pidieron fuentes que apoyasen mi afirmación. Con ese objetivo en mente me lanzo en la introducción de una de las críticas del capitalismo más radicales, complejas y elegantes, a mi humilde parecer: la teoría del decrecimiento.


Cabe primero recordar que el Capitalismo no es sólo un modo de producción al origen de una sociedad divida en clases sociales - el concepto de “clase” es eminentemente marxista. La tesis anterior resulta de una ontología materialista, pero en términos idealistas, hay que reconocer que en la base ideológica del Capitalismo se encuentra la creencia – sí, creencia en términos religiosos - según la cual el crecimiento económico “es la solución a todos nuestros problemas” (Liegey et al., 2015). Y es justamente en nombre de esta “creencia occidental” (Rist, 2001) que los países capitalistas se sientan – aunque no tengan dónde sentarse, nalgas quiero decir - a observar el mundo correr a su pérdida. En medio de toda esa vorágine, ellos aplican ciegamente la lógica de la “tecno-ciencia” en la era del Antropoceno (Latour, 2004). Sin embargo, el crecimiento económico, cuyo principal combustible es la “energía”, no puede desplegarse infinitamente en un planeta dónde los recursos naturales son limitados y la energía tiende a degradarse naturalmente en formas que no son útiles a la actividad productiva de una economía capitalista globalizada.


Esta crítica del “turbo capitalismo” (Latouche, 2010a) emerge desde las premisas teóricas de una escuela de pensamiento aún marginal en el campo de la economía política: el “decrecimiento”. Originalmente formulada por Nicholas Georgescu-Roegen (1979), matemático y economista de origen rumano, la teoría del decrecimiento se presenta como una de las corrientes más críticas de las teorías modernistas del desarrollo sostenible y del capitalismo a ultranza. Según Paul Ariès, más que un cuerpo teórico, el decrecimiento es un “eslogan político” que aboga por “el abandono del crecimiento por el crecimiento, la búsqueda de ganancias, la religión de la economía, el progreso y el desarrollo” (Citado en Latouche, 2010a). Es un profundo cuestionamiento de la sociedad de mercado y del racionalismo económico. Por lo tanto, hablar de decrecimiento es imaginar un proceso de “descolonización de nuestro imaginario de civilización” (Latouche, 2010b). Es sacudir el polvo de una ciencia económica “clásica” que tiende a legitimar la depredación de los recursos naturales con el apoyo insoslayable de instituciones que trabajan a la reproducción del sistema capitalista a escala mundial.


El trabajo icónico del economista Nicholas Georgescu-Roegen sigue siendo la fuerza impulsora de un movimiento crítico en el pensamiento económico que denuncia “la no viabilidad del modelo productivista y consumista occidental” (Boccato-Franco et al., 2013). Georgescu-Roegen dialoga con las tesis de David Ricardo y Thomas Malthus y recicla sus advertencias sobre el riesgo de “estado estacionario” de la economía capitalista. Y allí, en los fundamentos mismos de la economía clásica, Georgescu-Roegen encuentra los primeros elementos teóricos del decrecimiento.


A nivel ético-normativo, Georgescu-Roegen se inspira de la ecología política de Hans Jonas, así como del pensamiento anti-institucional de Ivan Illich. Desde esas premisas intelectuales, Georgescu-Roegen insiste sobre el “principio de responsabilidad” con respecto a las generaciones futuras, y sobre la necesidad, en los países desarrollados, de adoptar “una actitud de renuncia hacia un estilo de vida predatorio de recursos naturales” (Harribey, 2007). Esta arquitectura filosófica y ética nutre la ambición de construir una sociedad “convivial” (Illich, 1973) en la cuál los ciudadanos creen “una riqueza auténtica, enraizada en relaciones respetuosas con el mundo al que pertenecemos” (Prud’homme, 2015). El decrecimiento implica una relación diferente con el mundo, la naturaleza, los objetos y los seres humanos.

La originalidad de la teoría del decrecimiento reside en la incorporación de las leyes de la termodinámica, sobre todo la ley de la entropía, al estudio de la economía capitalista como proceso histórico “irreversible” basado en la explotación de recursos energéticos de baja entropía. La ley de la entropía establece que la energía sufre transformaciones cualitativas al pasar de formas concentradas y potenciales (baja entropía / orden) - útiles a la producción económica -, a formas difusas (alta entropía / desorden) - no útiles a la producción económica -. Para decirlo sin rodeos, la ley de entropía aplicada a la economía nos informa que la cantidad de energía potencialmente útil y disponible para la producción económica se reduce de forma continua y natural, y que todos los bienes producidos tienen una obsolescencia programada que no responde a la lógica del mercado, sino a las leyes de la naturaleza, en la cual “nada se pierde, todo se transforma”. El padre del decrecimiento sostiene que la naturaleza entrópica del proceso económico va contra el movimiento perpetuo de la abundancia, ya que impone la finitud de la biosfera como restricción sistémica al crecimiento económico infinito.


Al insertar el pensamiento económico en una revolución que no tuvo lugar en el universo de la economía clásica - la revolución termodinámica -, el teórico del decrecimiento es uno de los primeros en advertirnos de la presión que ejerce el sistema de producción capitalista sobre un patrimonio geológico cuyo ciclo natural de regeneración entra en contradicción con los requisitos de productividad y de temporalidad de la economía capitalista globalizada. Georgescu-Roegen nos señala además que el reciclaje no es la panacea, mucho menos en las sociedades que optan por el crecimiento infinito del producto interno bruto (PIB), ya que la transformación cualitativa de los residuos requiere un uso continuo de recursos energéticos que también son sujetos a la ley de la entropía.


La posición de Georgescu-Roegen es firme. Si el proceso económico es de naturaleza entrópica, la persecución del crecimiento infinito es una “aberración del espíritu” (Latouche, 2010a). Al fin y al cabo, el agotamiento de los recursos naturales, la explosión demográfica y la demanda creciente de energía, son factores que participan directamente a la exacerbación de la competencia por la apropiación y el uso de recursos con baja entropía - competencia que conduce al estallido de conflictos sociales y políticos a todos los niveles: nacional e internacional. La búsqueda del crecimiento económico es, por lo tanto, peligrosa no solo desde un punto de vista ecológico, sino también desde el punto de la paz mundial, ya que esta contribuye a la explosión de tensiones entre los Estados que compiten por recursos vitales a sus sociedades internas.


Hoy, en los países desarrollados, el decrecimiento parece ser una apuesta por “un nuevo reencantamiento del mundo” (Latouche, 2010a). Algunos individuos, en su minoría, adoptan un estilo de vida que ellos denominan “minimalista”, y otros viven en los términos de la “simplicidad voluntaria”. Poco importa el calificativo, todos esos individuos viven voluntariamente el “decrecimiento”. Ahora, ¿somos nosotros, Sapiens, lo suficientemente humildes como para reconocer los excesos de nuestra razón tecnocrática y lo suficientemente lúcidos como para comenzar la era del decrecimiento por el bien de las generaciones futuras?


Pero, ¿hasta dónde de-crecer?


Referencias

Boccato-Franco, A., Pereira Da Silva, C., Gustack, M., Pinheiro Do Nascimineto, E. (2013). « La décroissance: perspective du Sud », Relations, no. 765, pp. 20.


Georgescu-Roegen, Nicholas (1979). La décroissance. Entropie, Écologie, Économie, Collection: Les classiques des sciences sociales. [Online] :

http://classiques.uqac.ca/contemporains/georgescu_roegen_nicolas/decroissance/decroissance.html


Harribey, Jean-Marie (2007). « Les théories de la décroissance : enjeux et limites », Cahiers français – Développement et environnement », no. 337, pp. 20-26.


Illich, Ivan (1973). La convivialité, Éditions du Seuil.


Latouche, Serge (2010a). Le pari de la décroissance, Fayard/Pluriel.


Latouche, Serge (2010b). « La décroissance est-elle la solution de la crise? », Écologie & politique, vol. 2, no. 40, pp. 51-61.


Latour, Bruno (2004). « Agency at the Time of the Anthropocene », New Literary History, vol. 45, no. 1, pp. 1-18.


Liegey, V., Madelaine, S., Ondet, C., Veillot, A. (2015). « La décroissance, une vision pour des sociétés plus justes et plus sobres », Nouveaux Cahiers du socialisme, no. 14, pp. 64-70.


Prud’homme, Maude (2015). « La décroissance n’est pas une réalité virtuelle, Nouveaux Cahiers du socialisme, no. 14, pp. 137-141.


Rist, Gilbert (2001). Le développement: Histoire d’une croyance occidentale, Paris, Presses de Science Po, pp. 19-46.

© 2023 by Train of Thoughts. Proudly created with Wix.com