La democracia socialista como fruto del pensamiento mágico

Por: Rainer Ricardo

Foto tomada de Investopedia



El pasado 13 de enero, La Joven Cuba (LJC) publicó un artículo en el cual su autor, Alexei Padilla Herrera, muestra con elegancia los atuendos que arropan la “democracia”, citando a politólogos tan célebres como Charles Tilly y Robert Dahl, entre otros. El artículo queda sin embargo un tanto asimétrico, ya que el concepto de “socialismo”, central a la idea propuesta por el autor, va de la mano de la democracia desnudo y desnutrido. Esta asimetría es sorprendente, pues el autor parece adherir a la “democracia socialista” – el autor ofrece solamente el término “socialismo” – como “alternativa a la democracia liberal en todos los sentidos”. Pero en el fondo, la yuxtaposición de esos dos términos, “democracia” y “socialismo”, is taked for granted, como si no existiese una tensión insuperable en el planteamiento mismo de la idea.


Los adeptos del socialismo democrático afirman que “democracia” y “socialismo” se pueden conjugar sin mayores pormenores. Afirman que la sociedad, el Estado y la economía se pueden democratizar a tal extremo que todos los elementos del paisaje político y socioeconómico de un país estén orientados en función de intereses públicos y no privados. Así, por ejemplo, los Socialistas Democráticos de América (Democratic Socialists of America), están convencidos de que los Estados comunistas autoritarios fundados en los pilares de la doctrina marxista-leninista deben desaparecer de la faz de la tierra… democráticamente. Es por lo que aplauden con gran convicción las revoluciones democráticas que se han producido en el seno del antiguo campo socialista y se posicionan contra la planificación centralizada privilegiada por las “dictaduras del proletariado”.


En el caso de Cuba, hay que dejar claro de una vez por todas que la Revolución, más allá de los anhelos democráticos y liberales de sus inicios, nunca pretendió encaminarse hacia la democracia cuando Fidel la declaró socialista y se disciplinó personalmente en la doctrina “marxista-leninista” y la “dictadura del proletariado”. La dictadura del proletariado no es democracia, sino una tortilla revertida en la sartén de la opresión política que ahora quema al capital y a los capitalistas en la hoguera socialista, pues quien realmente gobierna es la "otra clase". Y es justo ahí que reside la paradoja invisible de la democracia socialista, ya que, en realidad, las democracias no pueden existir sino en el marco de dictaduras bien profundas. Si bien es cierto que la democracia liberal y capitalista es pluralista, al menos en su superficie, hay que reconocer también que es totalitaria en su trasfondo ya que no permite contestación alguna – quiero decir concreta y efectiva – del capitalismo. En otras palabras, la captura del Estado por un partido político determinado no conlleva necesariamente al derrumbe del sistema capitalista como trama económico-ideológica de fondo, sino a su perpetuación.


Imagínese ahora el negativo de la imagen que le acabo de presentar y proyecte en su mente la idea de una democracia multipartidista con trasfondo socialista. Para que se mantenga vigente el socialismo en democracia, los diversos partidos políticos podrán cambiar aquello que pueda ser cambiado – políticas públicas –, pero no podrán alterar los fundamentos mismos del sistema socialista ni de su economía colectivizada. Y así, apenas cierro los ojos, me llueve un mar de preguntas:


¿Qué harán los socialistas democráticos cuando surja un partido de corte liberal y capitalista?

¿Le ofrecerán acaso el espacio democrático para que, como “alternativa” al socialismo, el partido se exprese mediante campañas y gane adeptos en el seno de la sociedad civil?

¿Le dejarán también tomar el poder político y mantenerlo… en paz?

¿Pasaremos del socialismo al capitalismo cada cuatro u ocho años?

¿Colectivizaremos hoy y privatizaremos mañana?

¿O resurgirá una especie de Macartismo invertido para impedir que los capitalistas ganen audiencia y tomen el poder por sufragio universal? En tal caso, ¿una democracia socialista no sería igual de dogmática e imperfecta que una democracia liberal-capitalista?


Que no haya existido una sola democracia socialista en el mundo demuestra, fehacientemente, que el papel absorbe todo el pensamiento mágico almacenado en el inconsciente colectivo de los liberales de esa extrema izquierda que se hace llamar socialista y democrática. Y no es que las aspiraciones de los socialistas democráticos sean absurdas en sí mismas, pues ¿quién no aspira a vivir en un mundo mejor, más justo y tolerante? Sin embargo, cuando se vierte un poco de “Realismo político” en el café de los pensadores de la democracia socialista, se puede fácilmente comprender por qué los gobiernos socialistas elegidos democráticamente en América latina han perecido tan fácilmente frente a la violencia ejercida por las fuerzas reaccionarias. Del mismo modo, la democracia, ya sea esta socialista o liberal, no llegará a Cuba por arte del pensamiento mágico. Aquellos que aspiren democratizar al país deberán estar dispuestos a enfrentar directamente a las fuerzas reaccionarias de la Revolución, pues para que haya democracia en Cuba tienen que desaparecer los dos elementos que, desde un punto de vista histórico, le han obstaculizado el camino hacia el poder: el marxismo-leninismo y la dictadura del proletariado.


Para concluir, es necesario recalcar que la profesora Karima Oliva Bello – severamente criticada en este texto publicado en La Joven Cuba – tiene más razón que su propio verdugo si se le lee bien, sobre todo cuando afirma que “cualquier intento por democratizar más muestra(sic)* sociedad, no encontrará condiciones de posibilidad para realizarse y será una apuesta fallida de antemano”, pues en Cuba, resume Oliva Bello, no hay espacio para la “pluralidad política” ni “margen para la derecha”. Por lo tanto, los socialistas democráticos siguen proyectando ese pensamiento mágico contra un muro que no les devuelve – en flagrante delito de reciprocidad – sino el eco de sus propios ladrillos.


* Tanto el texto publicado en Granma como en LJC contienen el mismo error "de frappe". El texto de LJC no ha identificado el error hasta el momento de esta publicación.

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