La falacia del Comunismo como sinónimo de subdesarrollo.

Por: Rainer Ricardo

Foto: Extraída de Alponiente.

Comunismo suena a subdesarrollo y por eso todo el mundo lo desprecia. Es comprensible. Pero, ¿es correcto hacer tales asimilaciones? No a mi humilde parecer. Hagamos un ejercicio de reflexión objetiva antes de tirarnos las cazuelas en una bronca intelectual/emocional. Tenga en cuenta que no soy comunista.


Comencemos por la ortodoxia de la teoría y reconozcamos que Marx nunca pensó en una sociedad comunista subdesarrollada. Al contrario, Marx consideraba la sociedad comunista como una evolución superior en la historia de la humanidad. Así que el comunismo, tal como lo pensaba Marx, no puede sino emerger en una sociedad post-capitalista. La sociedad comunista adviene cuando la sociedad en su conjunto ha desarrollado altos índices de desarrollo y sus ciudadanos empatía colectiva suficiente como para socializar los medios de producción y poner fin a la enajenación como consecuencia de un trabajo sin sentido para el asalariado.


Ya sé que se le han erizado los pelos con esta afirmación, pero ¿conoce usted el origen del verbo “trabajar”? Si no lo sabe, déjeme darle un empujoncito. El verbo trabajar tiene su origen etimológico en el término tripalliare – del latín -, cuyo significado tiene más que ver con el “tormento” y la “tortura” que con el culto que se le hace hoy día en las sociedades industrializadas. Cabría entonces preguntarse si los seres humanos están realmente hechos para “trabajar”. Y esta no es una pregunta retórica, ya que quizás le hayamos cambiado el sentido al término sin darnos cuenta. Así que, desde un punto ético y evolutivo, el comunismo no es sinónimo de subdesarrollo. Al contrario.


En el plano de lo empírico, las cosas son más difíciles de evaluar. Al parecer, casi todas las Repúblicas que se han declarado “socialistas” y han sido gobernadas por un partido único y “comunista” han vivido con altos índices de subdesarrollo económico, político y social. El caso de la URSS es interesante ya que esta última fue considerada como una potencia mundial capaz de rivalizar con una superpotencia capitalista. Pero todos sabemos que eso fue una fachada y que aquello se desmoronó dejando ver las fisuras del edificio socialista. En el caso de Cuba, la economía del país no ha elevado sus índices de producción para salir, por sí sola, del subdesarrollo, sobre todo después de la declaración socialista de 1961. En China, sobre todo en la época de Mao y antes de la capitalización de la economía en la República asiática, también había signos fuertes de subdesarrollo. La Revolución cultural de Mao no se tradujo, por así decir, en desarrollo económico – utilice usted los indicadores que desee para medirlo. A esos casos hay que añadir otros más, como Corea del Norte, Vietnam y Venezuela. Todos han tenido altos índices de subdesarrollo en algunas de las fases de desarrollo socialista. Así que es fácil estimar a través de estos casos que “comunismo” y “subdesarrollo” van de la mano.


Ahora, ¿es acertado afirmar que el comunismo genera subdesarrollo? No. Lo primero a tener en cuenta es que todas las Repúblicas que se declararon socialistas eran de antemano sociedades agrícolas con una estructura feudal: subdesarrolladas comparativamente a las sociedades industrializadas. La Revolución de octubre de 1917 se hizo sobre la base de una sociedad feudal que no mostraba hasta aquel entonces los índices de industrialización de la Inglaterra del siglo 19 – la cual fue el caso de estudio de Marx. La Revolución cultural de Mao y la Revolución cubana también se consolidaron sobre la base de una sociedad eminentemente agraria y feudal con altos índices de subdesarrollo, de pobreza y de analfabetismo. Además de eso, muchas Repúblicas declaradas socialistas y con partido único han sido objeto de sanciones económicas que han ejercido una gran presión sobre la economía de esos Estados. Cuba, Vietnam, Corea del Norte y Venezuela, por no citar que ejemplos socialistas, han buscado justamente desarrollar la economía nacional bajo el peso de sanciones económicas que no buscan sino crear descontento y apatía en la población, así como un cambio de régimen provocado por sublevación popular. En la periferia del sistema internacional no llueve café sino sanciones.


Me dirá usted que es justo sancionar a esos Estados ya que son dictaduras y violan sistemáticamente los derechos humanos de sus ciudadanos. Y le doy razón en que las dictaduras son alérgicas a los derechos humanos y que los últimos debieran predominar sobre lo primero en toda sociedad. Pero la cosa es más compleja de lo que parece y el pensamiento mágico no resuelve necesariamente las injusticias en el mundo. Mire usted. El campeón de las sanciones internacionales, los Estados Unidos, ha apoyado a dictaduras que violan sistemáticamente los derechos humanos de sus ciudadanos. ¿Ejemplos? Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, Brasil, Argentina, Uruguay, Egipto, Arabia Saudita, Yemen, Indonesia, Vietnam del Sur, Nicaragua, Perú, Venezuela, República dominicana, Haití, Irán, Irak, Romania, Filipinas, Omán, Bahréin, Túnez, etc.


Queda claro que esos Estados, aún sin ser comunistas y recibiendo apoyo de las democracias occidentales, mantienen altos índices de subdesarrollo, de corrupción y de violaciones a los derechos humanos. Entonces, ¿cómo se explica el subdesarrollo cuando la variable “comunismo” está ausente? La pregunta parece tonta, pero no lo es. Ya que, si la explicación al subdesarrollo reside en la naturaleza o la lógica del sistema de producción, deberíamos entonces observar un alto índice de desarrollo en todas las Repúblicas cuyo sistema de producción es eminentemente capitalista. Pero este no es el caso. Si tenemos en cuenta que hoy día existen no menos de 193 Estados soberanos y que solo un pequeño porcentaje se ha declarado socialista, me parece evidente concluir que la mayoría de los Estados caen en el bando del capitalismo. Ahora, la mayoría de esos Estados no son considerados por sus semejantes – otros Estados - como “países desarrollados”.


Al contrario, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reúne a solo 37 Estados del planeta. Esto significa que el resto de las Repúblicas capitalistas, a la excepción de Costa Rica, miembro en devenir de la organización – el número 38 -, no ha alcanzado los índices de desarrollo necesarios para ser parte de este selecto club de países desarrollados. Si a esto le suma usted el hecho de que en el fondo de la plataforma se encuentran países que no se consideran socialistas, se puede llegar a la conclusión de que el subdesarrollo económico, político y social, no es producto directo del comunismo.


Esto me lleva a la pregunta incómoda: si el subdesarrollo en Cuba no se puede asimilar al comunismo, ¿de dónde viene entonces? Y recuerde antes de responderme o comentar que no soy comunista.

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