La oposición en Cuba y la soberanía nacional

Por: Rainer Ricardo

Foto: Extraída del Chicago Tribune

Un Estado es soberano o no es un Estado. Y esto se debe entender desde dos perspectivas: una interna y otra externa. Un Estado es soberano, al menos internamente, cuando su gobierno, como estructura administrativa absoluta y suprema, reivindica con suceso el monopolio legítimo de la coerción física (represión) sobre una populación y un territorio determinados. Desde esta perspectiva, el gobierno encarna la soberanía popular y remplaza, en la era moderna de la política profesional, al Soberano medieval, al Monarca. “El Estado soy yo”, afirmaba Luis XVI. Hoy día, todos somos el Estado, ese gran Leviatán.


Sobre el plan externo, la soberanía nacional se puede definir como la impermeabilidad del Estado a la injerencia de otros Estados en sus asuntos internos. Los problemas internos de todo Estado deben ser entonces resueltos por el pueblo soberano, sin que exista intervención o influencia alguna de otros Estados. Sin embargo, la soberanía externa del Estado parece más un ideal perseguido por las pequeñas naciones, y mucho menos una norma internacional respetada por las grandes potencias. Es por lo que, a mi humilde parecer, la cuestión de la soberanía nacional de Cuba debería ocupar un lugar de suma importancia dentro del marco de todo proyecto político que entretenga la idea de reconstruir la Nación cubana en un futuro próximo.


Un viaje exploratorio por las plataformas de algunas de las organizaciones opositoras que persiguen tales fines en Cuba deja un sabor amargo en la consciencia. Concluyo que la cuestión de la soberanía nacional del Estado de Cuba no está suficientemente desarrollada en los proyectos de la oposición, salvo algunas excepciones excepcionales, valga la redundancia. Exceptuando al Movimiento Cristiano Liberación, la soberanía nacional de Cuba dentro de la oposición cubana no parece estar realmente garantizada.


Pero no me crean a mí. Saquen ustedes sus propias conclusiones considerando los términos que las propias plataformas opositoras cubanas emplean para abordar la cuestión de la soberanía nacional de una Cuba libre et independiente.


El Foro Antitotalitario (FANTU) y Cuba Decide aseguran querer construir un nuevo gobierno al frente de un Estado soberano sin siquiera precisar lo que se entiende por soberanía nacional para un Estado como Cuba, cuya posición en el sistema internacional es la causa de una tensión histórica entre una soberanía de jure y una injerencia de facto. Otras plataformas opositoras intentan resolver esta tensión promoviendo una “paz perpétua” con las democracias occidentales, tomando así partido en la polarización de la política internacional.


La UNPACU afirma querer construir “una Cuba futura —libre, democrática y soberana— […] amiga de todo Occidente […] una Cuba fraterna y aliada de todo el mundo civilizado […] La solidaridad entre los demócratas es muy necesaria en nuestra aldea global.”


Y Cuba Independiente y Democrática (CID) aborda la cuestión de la soberanía nacional en los mismos términos. El artículo 20 de su proyecto La Nueva República declara que un nuevo gobierno en Cuba pondrá en marcha una


Nueva política exterior que promueva un orden internacional de convivencia pacífica fundada en la libertad, la justicia, el respeto a los derechos humanos y la autodeterminación de los pueblos […] Cuba se reincorpora plenamente al sistema interamericano y fortalecerá sus vínculos con América Latina, Canadá y Estados Unidos con miras a una futura integración hemisférica. También estrechará sus relaciones con la Unión Europea y demás países occidentales; con las naciones que formaban el desaparecido bloque socialista y con los países en vías de desarrollo”.


Sin duda alguna, se debe apoyar una política exterior basada en el desarrollo de relaciones internacionales que respeten los principios de la coexistencia pacífica entre las naciones. Pero ¿acaso no es una prerrogativa de todo Estado soberano establecer alianzas intergubernamentales con quién desee? ¿Por qué una Cuba libre, soberana e independiente, tendría que renunciar a establecer relaciones comerciales y diplomáticas con países como China, Rusia, Venezuela o Irán? Como todo Estado soberano e independiente, Cuba tiene el derecho de no alinearse con ninguno de los bloques de Estados que rivalizan por la hegemonía global, así como el privilegio de no establecer alianzas con otros Estados que declaren intenciones hostiles hacia Cuba. Pero el tipo de régimen político de un Estado no debería ser un obstáculo para el desarrollo de relaciones comerciales y diplomáticas basadas sobre el respeto mutuo de la soberanía nacional.


En el seno de “movimientos” opositores como SOMOS + , la cuestión de la soberanía nacional de Cuba está prácticamente ausente. En términos de política exterior, las preocupaciones de esta organización opositora al régimen de la isla se resumen a la gestión de las relaciones entre “dos Cubas”. En la plataforma de SOMOS + se puede leer lo siguiente:


Hoy, la cantidad de cubanos que reside en el exterior es superior a la población total de varias provincias del país. Esta diáspora, activa y creciente, está integrada por hombres y mujeres de todos los estratos sociales, de todas las profesiones, religiones y tendencias políticas. Podría decirse incluso que hablamos de una Cuba a menor escala, formada por miembros de todas las familias a lo largo y ancho de la isla […] De manera que sería un engaño y un fraude intolerable, no considerar a los residentes en el exterior como lo que son, cubanos como tú y como yo, con todos los derechos y por qué no, con todos los deberes que nosotros tenemos de cara a la reconstrucción del país. Somos + reconoce estos derechos y cuenta con todos esos jóvenes de espíritu para integrar sus filas. Siempre que compartamos el mismo ánimo de curar, crecer y construir”.


Cabe preguntarse entonces: ¿quién administrará las relaciones exteriores de una Cuba soberana e independiente bajo un gobierno liderado por los representantes de este “movimiento”? ¿Existirá incluso un ministerio de relaciones exteriores? Nada de eso queda claro en las “bases y principios” del Movimiento fundado por Eliecer Ávila, ni siquiera en las reformas ministeriales promovidas por la organización. Y está claro que un Estado sin política exterior no se asemeja siquiera a una entidad soberana, cuya esencia reside en el monopolio de la acción diplomática, la firma de tratados internacionales y la conducción de la guerra.


Otros movimientos opositores han tomado más en serio la cuestión de la soberanía nacional de Cuba y la han insertado con justeza en la experiencia histórica de la Nación cubana. A mi humilde parecer, el Movimiento Cristiano Liberación, fundado por el fallecido Osvaldo Payá a finales de los años 1980, puede ser considerado como el movimiento opositor en Cuba que demuestra una real comprensión del principio de soberanía nacional. En la página del movimiento se aborda la cuestión en los términos siguientes:


Defendemos la soberanía popular, la independencia nacional y la soberanía de nuestra Patria que, como nos enseño el Padre Félix Varela, son inseparables […] Corresponde a los cubanos y sólo a los cubanos definir y decidir libre y democráticamente el futuro de Cuba, como país independiente y soberano, sin intervenciones, ni injerencias extranjeras, ni del norte, ni del sur, ni del este, ni del oeste. Por eso no aceptamos leyes foráneas que pretendan decidir el presente o diseñar el futuro de Cuba, ni dependencias económicas, ni tampoco alianzas políticas que nieguen la independencia, los intereses y la vocación de paz y libertad del pueblo cubano […] Queremos la amistad y la paz con todos los pueblos del mundo, de todas las culturas, creencias y razas”.


Si excluimos la concepción precitada, se puede deducir que la soberanía nacional de la Cuba “libre” promovida por la oposición cubana no está muy bien desarrollada. Aunque, sin duda alguna, se puede notar que se encuentra polarizada en favor del bloque de democracias occidentales. Eso indica que la fruta está más madura de lo que se cree y que quiere gravitar hacia su árbol natural. Sin embargo, una cosa es aspirar a la soberanía nacional y otra bien distinta es garantizar su pleno ejercicio en el mundo de las naciones, aunque estas sean democráticas.


Por supuesto, la cuestión de la soberanía nacional será de suma importancia si las ambiciones de la oposición cubana se concretizan en un futuro próximo, ya que todo proceso de cambio de régimen en Cuba se realizará bajo la injerencia directa de los Estados Unidos. Estos últimos están encargados de determinar si la transición responde (o no) a las exigencias plasmadas en la Ley Helms-Burton. De cumplirse esto último, debo reconocer, la democratización de Cuba, a no ser que surja como consecuencia directa de reformas políticas endógenas, no se producirá dentro del marco y el ejercicio pleno de la soberanía nacional. En verdad, no se pueden arreglar los problemas internos de Cuba, como Estado soberano e independiente, si las reformas políticas se realizan bajo la influencia y la vigilancia estricta de una potencia extranjera.


Si la cosa es así ¿por qué las organizaciones opositoras en Cuba no piden simple y llanamente la anexión de Cuba a los Estados Unidos? Al fin y al cabo, muchos de esos líderes opositores ya conocen al Monstruo, viven de sus entrañas, y no serán los primeros “patriotas” - mucho menos los últimos - que han ambicionado la integración de Cuba a la Unión norteamericana.


Es obvio que prefiero una Cuba libre, independiente y soberana. Pero al parecer, esa soberanía nacional tiene un alto precio que cuesta alma y vida pagar para el más común de los Cubanos. Pero bueno, así ha sido y es la historia de Cuba, esa estrella solitaria. ¡Y desde tan lejos se escucha tan bonito!

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