Otaola y la política posfactual

Por: Rainer Ricardo

Foto: Extraída de Medium

Los hechos ya no dicen nada, y los no-hechos, si observamos bien, lo dicen realmente todo. Hoy día, muchas de las verdades que circulan en las redes sociales sobre Cuba ya no merecen siquiera ser verificadas empíricamente. Se toman como verdades sin que se pueda distinguir entre la “realidad”, como elemento empírico de nuestro conocimiento del mundo, y la “plausibilidad”, como elemento del imaginario que atestigua de una probabilidad sin ciencia cierta. Así que una cosa es tratar de hacer política democrática desde el exterior de Cuba y otra bien distinta es destilar de la desinformación en los medios.


En el seno de la comunidad cubanoamericana, el campeón de la política posfactual en las redes sociales es Alex Otaola. Si algo tiene el presentador cubanoamericano, tengo que reconocer, es una imaginación muy fértil. Y esta imaginación es muy efectiva en el universo teatral ya que el absurdo y la exageración crean ciertos efectos emocionales en el espectador que sirven al mundo del espectáculo. Pero cuando se consideran temas políticos, sobre todo de política internacional, la ficción y la realidad no deben confundirse. Eso es muy peligroso ya que en el mundo posfactual lo que importa no es la realidad como veracidad empírica, sino la reacción emotiva de un espectador cuya amígdala ha sido secuestrada por la propaganda y sus lóbulos frontales neutralizados por la desinformación.

Para ver como se manifiesta esta política posfactual, leamos y releamos las palabras del propio Alex Otaola. Así podemos ver de cerca como se crean “posverdades” promovidas por intereses políticos bien precisos.


El presentador cubanoamericano dice así desde su programa:


La dictadura cubana quiere que tú y yo nos fajemos. Y que tú te fajes con tu vecino. Y la única manera de lograr dividirnos a todos nosotros, es crear una gran crisis migratoria, donde los Cubanos en la frontera estén desesperados, y nosotros desde aquí digamos “No van a pasar”, y usted, con el corazón en la mano, diga “Tienen que pasar”. Eso viene. Eso está en camino. Antes de noviembre.”


En este primer fragmento hay algunos elementos que merecen la pena ser señalados. Primero, Otaola afirma que el gobierno de Cuba está planificando “crear una gran crisis migratoria” y que “eso” – la crisis migratoria – “está en camino. Antes de noviembre”. La historia es plausible, así como oportuna en el marco de las elecciones presidenciales. El gobierno de Cuba, como todo gobierno, podría justamente crear una “crisis” con el objetivo de poner presión sobre los países del hemisferio y sobre los Estados Unidos en la frontera con México. Todo eso es plausible, pero poco probable. Habría que hacerse toda una serie de preguntas lógicas y racionales sobre los intereses perseguidos por Cuba al crear esta situación, pero eso no me parece necesario, ya que es muy improbable que el gobierno de Cuba se lance en una campaña internacional con el objetivo de desestabilizar la región.


Pero supongamos por un momento que todo esto de la crisis migratoria planificada por el gobierno de Cuba sea “verdad” empíricamente. Supongamos entonces que Otaola se ha enterado de estos planes que, por supuesto, deben ser considerados ultrasecretos por el gobierno de Cuba. Es de suponer también que Otaola y su equipo de producción posean “inteligencia” sobre esos planes. Por lo tanto, Otaola debe tener en su posesión el documento en el cual está diseñado el famoso plan, fase por fase, negro sobre blanco. Pero no hay evidencia. Y esto es curioso, ya que Otaola se vanagloria de mostrar la “realidad” de Cuba. Hasta ahora, nada sostiene las afirmaciones del presentador, ni siquiera el drama infuso de un programa de televisión que utiliza las imágenes de los Cubanos varados en América latina en espera del sueño americano. Y a ellos, Otaola les envía el mensaje, sin corazón en mano: “No van a pasar”.


Unos segundos más tarde, Otaola nos abre el telón de su drama y nos muestra al fin sus verdaderos intereses… políticos. Leamos una vez más las palabras del presentador en el mensaje que, desde ese mismo fragmento, envía al presidente Donald Trump, a Cuba y a los Cubanos:


Estados Unidos no está dispuesto a aceptar un éxodo como el 94, o como las crisis que han venido después. Si esto sucediera, si esto llegara a pasar antes de noviembre, tal y como se prevé que suceda, yo creo que Estados Unidos debe considerar un éxodo masivo como una invasión de la dictadura cubana en territorio norteamericano. Y creo que la administración Trump haría lo que finalmente están obligando a hacer. Antes de noviembre se está planificando una gran crisis migratoria y quien la está planificando es la dictadura cubana.”


¡Más claro ni el agua! Otaola pide al gobierno de los Estados Unidos de hacer “finalmente” lo que Cuba le está “obligando a hacer”: una intervención militar. Y es plausible considerar esas palabras como un llamado a una intervención militar “preventiva” en Cuba antes del mes de noviembre, sin que este acto de agresión sea justificado sobre la base de una “inteligencia” fiable y verídica.


Otaola sabe muy bien que el gobierno de los Estados Unidos no escuchará sus demandas. Y si no lo sabe, bien bobo es. Los decidores políticos mienten, es muy cierto, pero también tienen que actuar sobre la base de la “inteligencia” de los órganos del gobierno, y no sobre la base de suposiciones ni falsedades promovidas desde un programa de televisión. Y si Otaola no lo sabe, pues se lo digo yo. Los Estados Unidos no están dispuestos a perder aún más el prestigio internacional al cual están acostumbrados, mucho menos por Cuba. Detrás del eslogan “Make America Great Again” se encuentra justamente esta ambición. Así que el mensaje de Otaola no puede sino estar dirigido a los votantes cubanos de la Florida.


La política posfactual de Otaola persigue entonces fines electoralistas en los propios Estados Unidos, utilizando el pánico social como estrategia para influenciar el voto de sus espectadores en favor de su candidato predilecto, Donald Trump. Con esta estrategia, Otaola mata dos pájaros de un tiro: 1) refuerza y legitima en el imaginario de sus espectadores el carácter intransigente de la vieja generación cubanoamericana anticastrista, y 2) mueve las nuevas generaciones de Cubanos hacia el partido Republicano.


Ustedes pensarán que es una tontería dar suma importancia a estas narrativas. Y quizás tienen razón. Pero no se nos puede olvidar que todas las grandes religiones milenarias surgieron justamente de una realidad posfactual: el evento divino se produce en aislamiento y sin testigos. En ese contexto, nada ni nadie puede comprobar la veracidad empírica de la historia narrada por el autoproclamado Mesías. Su historia era “plausible” para quienes le escuchaban, pero ya vemos – la historia muestra - que en nombre de una plausibilidad se pueden realizar cosas concretas que, según el saber de nuestra época, pueden ser consideradas aberrantes moral y humanamente.


Les invito a escuchar con prudencia, a mantener los pies sobre la tierra y no dejarse llevar por el contenido de mensajes sin fundamento cuyo objetivo es de influenciar vuestros comportamientos haciendo un llamado a nuestras emociones primitivas: miedo, inseguridad, etc. ¡No se dejen provocar!

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