Tribalismo y deshumanización en Cuba

Por: Rainer Ricardo, PhD (c)

Foto: UniVista TV



Cuba está partida en dos. Y tengo miedo, ya que no anticipo un buen futuro para el país, mucho menos una transición pacífica a la democracia. Al contrario, siento que el uso de nuestra imaginación – una imaginación que desborda a veces los límites de la razón, del entendimiento y de la empatía -, está al servicio de una fuerza oscura que aún me cuesta comprender con claridad y profundidad. Al centro de este fenómeno se encuentra el lenguaje, el cuál ha jugado, y sigue jugando, un rol crítico en la construcción de una predisposición a la hostilidad entre dos grupos políticos: los que están con la Revolución y los que No.



Desde esta perspectiva, en Cuba reina el tribalismo – entendido aquí como la demarcación de dos grupos distintos bien definidos y exclusivos –, y entre los Cubanos, la deshumanización. Si esta tendencia persiste y se acentúa, toda posible transición pacífica a un contexto político democrático se encuentra abortada desde su nacimiento.



En la esquina Roja del ring, los adeptos de la Revolución han promovido la creación de un “hombre nuevo” cuya identidad revolucionaria se ha forjado en oposición a una especie invertebrada, sin estructura y fácil de aplastar por la masa revolucionaria en las calles: los “Gusanos”. Y desde esas “trincheras de ideas”, porque están desnudas de piedras, los Revolucionarios disparan sobre los adversarios una lluvia de injurias que, para ser cordial, entran en el marco del “choteo político”. La tribu de los Gusanos ha pasado a la posteridad – ya tiene incluso una película documental que le reserva un lugar en la historia moderna de la nación cubana - y espera intranquilamente el juicio final de la Historia. Quizás esta última los absuelva, quizás no. Eso siempre dependerá de la composición del jurado.



Esta tribu está sin embargo en decadencia, ya que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, como cantara Pablito Milanés. Pero la tradición opositora sigue viva y la vieja tribu está siendo remplazada por una nueva, más moderna, compuesta de una especie de nuevo tipo: las “jeringuillas desechables”. A la cabeza de esta tribu se encuentra una “garrapata de potrero” – Alex Otaola -, un “bistecito” – Eliécer Ávila –, un “peneoculado” – Ariel Ruiz Urquiola –, y una especialista en ingeniería civil - lo digo por la referencia a las “cabillas” que acompañan la imagen de Rosa María Payá. Claro está que la historia de Rosa no tiene nada que ver con el urbanismo, ya que las fotos que acompañan esos discursos son grotescamente sugestivas de la carga sexual del epíteto que le es atribuido a la opositora cubana. Y todo Cubano sabe muy bien lo que significa “dar cabilla”.



En la esquina Azul, los miembros de la nueva tribu no se quedan atrás en el proceso de deshumanización a través del lenguaje. Hay que reconocer sin embargo que la retórica de Miami no enfatiza tanto en el animalismo, aunque se utilizan algunos términos similares, como el de “ciberclarias”. Los Azules de Miami han creado incluso un sitio web reservado a la identificación de los que apuestan por la Revolución: lasciberclarias.com El objetivo de este sitio es de “poner al descubierto” en la Internet una lista de acusados sin banquillos, desnudos frente a una opinión pública que se ha forjado en los principios del Macartismo y del Anti-Castrismo.



Como pueden ver, la estrategia empleada por esta tribu es mucho más moderna, ya que recurre a las redes sociales como arma predilecta en la búsqueda de una susodicha justicia social que toman en sus propias manos. Pero al mismo tiempo, emplean una vieja estrategia que se asemeja bastante a los linchamientos públicos que se hacían en la Europa medieval y a los cuáles asistía una masa en búsqueda de un entretenimiento perverso. Solo que hoy, en vez de asistir a la decapitación por guillotina, la masa de Cubanos que sigue a esos “influencers” asiste sin censura al linchamiento digital de todos aquellos que, por las razones que sean, mantienen una posición de neutralidad hacia la guerra histórica que se han declarado las dos orillas.



Desgraciadamente, los Azules son tan dogmáticos como los Rojos. Y este dogmatismo exige que ruede en la plaza pública de los Megabytes la cabeza de todo aquel que no se pronuncie en contra del régimen de la Isla y se ponga “del lado correcto de la historia”. Y así se mantiene el resentimiento colectivo que no conducirá, sepa usted, a un final feliz en esta telenovela de amor y odio entre dos orillas que anhelan profundamente un abrazo de reconciliación.



Para cambiar la dirección del viento, es muy importante saber distinguir entre la crítica a la lógica, al discurso y a las políticas públicas de un gobierno, y la tormenta de groserías dirigidas a personas que merecen, a pesar de sus distancias ideológicas y políticas, un tratamiento respetuoso y humano. Lo político, cuya esencia es la convivencia social, pertenece a todos, sin excepción. La política, al contrario, es la dimensión pública de las decisiones formales de políticos profesionales que asumen cargos en una estructura gubernamental. No hay que confundir términos si se quiere vivir en país democrático, sino saber criticar la política respetando los principios de lo correctamente político.



Pero esto no ocurre, salvo algunas excepciones, en una Cuba tribal y deshumanizada. Y por estas características, la patria se presenta a mis ojos como una bomba de tiempo. Y es que la polarización de la sociedad cubana es peligrosa desde todo punto de vista. Los nazis exterminaron a millones de judíos en Europa utilizando el mismo proceso de deshumanización que partió a la sociedad alemana en dos tribus: los fascistas y las “bestias” judías. En Ruanda, los Hutus masacraron casi 1 millón de “cucarachas” Tutsi en apenas unos meses a golpe de machetazo en las narices de las Naciones Unidas. En 1959, la palabra “Paredón” resonaba en los juicios públicos llevados a cabo por el gobierno revolucionario. En el 2020, los de Miami amenazan a los que tienen amigos “coroneles” de pagar caro esa afiliación personal, la que podría ser considerada como un delito en una Cuba posrevolucionaria.



Esta última denuncia a una personalidad pública cubana parece tonta a primera vista, pero ha sido visitada en YouTube por más de 57 000 personas y conquistado el corazón (Likes) de unos cuántos miles. En un país en el cuál reina la apatía política, una minoría de personas puede alterar de manera significativa el curso de la historia. ¿No dicen por ahí que la Revolución comenzó con tan solo 12 hombres?



Lo que quiero ilustrar con esos ejemplos es la tesis siguiente: en un país con poca cultura democrática, como lo es Cuba, el tribalismo y la deshumanización son tendencias extremadamente peligrosas que no pueden conducir sino a una catástrofe humanitaria. Y como la historia de Cuba está plagada de guerras intestinas en las que se han enfrentado los Cubanos, creo que es hora de sentarse a reflexionar, tanto dentro como fuera de la isla, a la forma en que se puede contrarrestar esta tendencia hacia la deshumanización y al tribalismo en Cuba. “No se escarmienta por cabeza ajena”, me repetía mi madre incesantemente. Así que cruzo mis dedos para que el futuro de Cuba no dependa de políticas basadas en el odio y el resentimiento. No quisiera presenciar, desde la distancia y el confort del mundo desarrollado y democrático, un genocidio en suelo cubano. El diálogo será siempre la mejor opción.


Sobre el autor: Rainer es candidato al grado de Doctor en ciencias políticas y relaciones internacionales en la Universidad de Montreal, Canadá.

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